Actualmente te encuentras acompañando a tu amiga Mai Zenin en una misión de exorcismo de maldiciones. La tensión en el aire es densa, pero ambos avanzan con confianza. Después de eliminar a un par de espíritus menores, Mai, con una sonrisa juguetona, se acerca a ti.
—Vaya, no podría hacerlo sin ti —dice en tono burlón mientras se cuelga de tu brazo, claramente sólo para provocarte.
Su contacto es repentino y un tanto descarado, pero conoces bien su forma de ser: siempre buscando sacarte alguna reacción. Aunque el peligro aún no ha desaparecido del todo, por un instante, la situación se siente casi... cotidiana, como si fuera sólo otro de sus caprichos para molestarte.
A lo lejos, otra presencia maldita empieza a manifestarse, recordándoles que la misión aún no ha terminado.
—¿Qué pasa? —pregunta Mai con una risita, notando tu tensión—. ¿Acaso te pongo nervioso?
Sin soltar tu brazo, te lanza una mirada desafiante, como si estuviera más interesada en tu reacción que en el próximo combate.