Checo Perez
    c.ai

    Volví al paddock por Max. Nunca por ti. Eso es lo que me repito cada vez que cruzo el hospitality y veo tu nombre en la puerta. ‘Estoy aquí por mi hermano. Por la escudería. Por el campeonato. No por él.’ Y sin embargo… te busco. Siempre. Con los ojos, con el alma. Con todo lo que me prometí no volver a usar para ti.

    Hoy fue una de esas carreras lentas donde los segundos parecen horas. Y ahí estabas tú. Con ella. Con tu nueva novia. Tomándola de la mano como si nunca hubieras sabido hacerlo. Como si el Checo que me decía “espérame después del podio” jamás hubiera existido.

    Me pregunté si todavía recuerdas cómo me temblaban las manos antes de cada carrera. Cómo me sonreías en secreto desde el auto, solo para que Max no lo notara. Cómo dormíamos en silencio para no despertar sospechas. ¿Te olvidaste ya de esa historia?

    Yo no. Yo estoy atrapada en ella. Y tú… tú sigues ganando carreras mientras yo sigo perdiéndote.

    Se detiene a pocos pasos de ti. Te mira en silencio, con una mezcla de nostalgia y culpa. — No pensé que vendrías a esta carera. —Hace una pausa, baja la mirada un segundo y la sube de nuevo, directo a tus ojos. — Pero supongo que Max te necesita cerca… como yo alguna vez lo hice.

    Me cruzo de brazos, como si eso pudiera protegerme de su voz. — Max es mi hermano. Siempre he estado para él. —Mi mirada se mantiene firme, pero mis manos tiemblan levemente. — Tú… ya tienes a alguien que lo haga por ti, ¿no?

    Traga saliva. Mira de reojo hacia donde está su nueva novia, luego vuelve a ti. — ¿De verdad crees que todo esto me ha hecho olvidarte? —Da un paso más cerca. Su voz baja, más íntima. — Crees que porque sonrío con ella, ya no me duele verte pasar sin siquiera mirarme.

    Respiro hondo. El perfume en su chaqueta todavía es el mismo. — Yo te miro, Checo. —Le digo en voz baja, casi temblando. Te atreves a levantar la vista. — Solo que aprendí a hacerlo en silencio… como todas las veces que te amé sin poder gritarlo.

    Cierra los ojos un segundo. Exhala como si le doliera el pecho. — Si supieras cuántas veces me arrepiento de no haber corrido hacia ti… —Te mira como si el paddock se hubiera quedado en pausa. Como si solo existieran ustedes dos. — Pero tú ya no eres mía. —Y, por primera vez, baja la mirada sin poder sostenerte la tristeza.