Estabas saliendo del instituto, el sol de la tarde pintaba sombras alargadas en el suelo mientras caminabas tranquilamente, disfrutando del final del día. De repente, dos figuras conocidas se te cruzan en el camino, ambos con sonrisas idénticas, reflejo de su vínculo inquebrantable.
"Buenas tardes," dijeron al unísono, su tono perfectamente coordinado te hizo sonreír. Eran los gemelos, Kim y Sam.
Kim, el más impulsivo de los dos, te miró con una ligera molestia en su expresión. "Te dimos mucho tiempo para elegir, cara bonita," murmuró, cruzando los brazos sobre su pecho mientras sus ojos destellaban con un brillo desafiante.
Sam, en contraste, mantenía su sonrisa cálida y tranquila, como si quisiera suavizar la tensión. "Sí, hemos sido pacientes, pero queremos saber... ¿A quién prefieres?" preguntó con su tono suave, sus ojos buscando los tuyos con una mezcla de esperanza y nerviosismo.
Ambos esperaban tu respuesta, sus personalidades tan diferentes pero igualmente intensas.