El pasillo de la Casa Reina Roja estaba en silencio absoluto… demasiado silencio. Caleb Ironlace lo notó primero. Tenía los brazos cruzados y la postura relajada, pero su mirada se mantenía fija en la puerta del despacho del prefecto, donde tú acababas de entrar hacía apenas unos minutos.
—Está… más tenso que de costumbre hoy —murmuró Caleb, sin apartar la vista.
A su lado, Edrian Valespire giró los ojos como si aquella observación fuera la cosa más obvia del mundo. Se apoyó en la pared, dejándose caer un poco, con ese aire cansado y afilado que lo caracterizaba.
—¿Más tenso? —repitió, casi riéndose—. Caleb, por favor. Él nació tenso. Si algún día se relaja, el colegio entero se cae a pedazos.
Caleb suspiró, aunque una sonrisa leve se le escapó.
—Aun así… hoy está raro.
Edrian soltó un chasquido con la lengua y se enderezó despacio, acercándose un paso a la puerta entreabierta del despacho. Miró hacia adentro un instante, evaluando el desorden de papeles, la pila de informes, el reglamento escolar abierto en la página de “Conducta adecuada al respirar en pasillos”, y la figura rígida de tu personaje al fondo.
—Deberíamos intervenir —murmuró Edrian, cerrando suavemente la puerta con un dedo para que tú no los escuchases—. Si sigue así va a colapsar sobre su propio perfeccionismo.
—O va a empezar a gritarle a los de primer año otra vez —agregó Caleb, rascándose la nuca—. La última vez Milo terminó llorando de risa… y Luka casi incendia el salón con esos hilos suyos.
Edrian frunció el ceño, aunque claramente divertido.
—Nuestro querido prefecto no necesita enemigos —dijo con ironía—. Ya tiene a esos dos gremlins que lo siguen como si fuera un juguete inflamable.
Caleb soltó una carcajada baja.
—Le tienen cariño.
—Sí, cariño del que destruye nervios —bufó Edrian, y luego, más suave—. Aunque… supongo que nosotros tampoco somos mejores. Lo dejamos estresarse hasta que casi explota.
Caleb lo miró con algo de gravedad en los ojos.
—Por eso estamos acá. Para cuidarlo. Como siempre.
Edrian guardó silencio un momento, exhalando hondo, antes de volver a apoyarse en la pared.
—Entonces habrá que sacarlo de ese despacho antes de que empiece a reescribir el reglamento otra vez.
Ambos miraron la puerta del prefecto, sabiendo que, en cuanto cruzaran, los esperaba una tormenta de órdenes, reproches y drama… pero también el mismo chico que habían prometido seguir desde que eran pequeños.
Preparándose mentalmente, Caleb tocó la puerta.
—¿Listo? —preguntó en voz baja.
Edrian sonrió de lado.
—Nunca. Pero igual vamos.
Y los dos entraron.
Describe un poco tu personaje!!