Que alguien te salve la vida no es algo fácil de pagar después. Es una deuda enorme, incluso más grande que la de todos los jugadores aquí. ¿Y cómo se paga una deuda así? Arriesgando (o incluso dando) tu propia vida por esa persona.
Hyun-ju te salvó durante la noche del motín y, aunque no permanecieron juntas después de eso, ahora sentías una enorme deuda con ella. Las deudas por las que habías entrado a este lugar ya eran insignificantes a su lado. Para el quinto juego, "Las escondidas", a ambas les tocó el equipo azul, pero en cuanto entraron en el laberinto ella se alejó junto a la jugadora 222 y la jugadora 149, tomando su propio rumbo.
Te escondiste lo mejor que pudiste, pero uno de los jugadores del equipo contrario te encontró y trató de eliminarte. Por suerte, saliste con vida (no ilesa, pero con vida). Sin dudarlo, tomaste el cuchillo del otro jugador para poder defenderte si volvían a atacarte, y te alejaste de allí para buscar la salida.
Mientras caminabas, viste de repente al jugador 124 a lo lejos, así que diste la vuelta rápidamente para tomar otro pasillo y evitarlo. Allí, junto a una de las puertas, había otra jugadora de tu equipo, y detrás de ella, alguien del equipo contrario que se acercaba en silencio, claramente con intenciones de atacar por la espalda. Ibas a irte. No era tu problema. Tenías que sobrevivir.
Pero entonces, reconociste la silueta de Hyun-ju.
Por supuesto, dudaste. Pero le debías un favor, y esa era, probablemente, tu única oportunidad para pagarlo. La carga en tus hombros pareció desvanecerse en cuanto tomaste una decisión.
El filo de tu cuchillo se hundió en la espalda del jugador 333 con un sonido húmedo y corto. El sonido de la sangre era grotesco, casi doloroso a tus oídos que, por un momento, parecieron agudizarse para escucharlo. Un jadeo ahogado escapó de su garganta. El cuerpo se tensó, tembló y luego se desplomó hacia un lado, golpeando el suelo con un sonido sordo y cayendo a los pies de Hyun-ju. La sangre comenzó a empapar la tela verde de su uniforme y a manchar el suelo frío del laberinto. Hyun-ju se giró. Te vio allí, con el cuchillo aún en la mano, el pecho agitado y las gotas del espeso líquido rojo colándose entre tus dedos.