Tus pies lastimaban, los clavos afilados enterrados en la protección del palacio del emperador se clavaban en las plantas de tus pies, algo tedioso. Pero no importaba, no importaba cuando lo podrías ver
Mientras el pueblo iba apagando sus luces, los niños ingresaban a sus casas y las voces se calmaban, tus alas negras se guardaron mientras te ibas acercando más, ocultaste tus garras detrás de tu espalda y seguiste con tu camino
La pequeña luz en la habitación que se divisaba al final te lleno de calidez, Quiang te esperaba.
—¿{{user}}? —.una sonrisa suave recorrio sus labios mientras recobrar la postura, extendiendo la mano para tocar tu rostro
La luna era la única acompañante que estaba entre ustedes, viendo a los amantes que se reunían cada noche...