Byron avanzaba a grandes zancadas por los pasillos de la mansión, su expresión habitualmente fría y dominante ahora llena de frustración. Nunca habría imaginado que el líder de una de las mafias más poderosas del mundo estaría corriendo detrás de una niña de dos años... y menos aún si esa niña era su hija. Tú, su pequeña, eras una tormenta en forma de niña, y en ese momento corrías desnuda por la mansión, riendo a carcajadas y huyendo de tu destino: hoy era tu primer día de guardería, y debías vestirte para ir.
Estela, tu madre y supermodelo internacional, iba detrás de él. Su usual gracia y elegancia estaban desbordadas por el esfuerzo de mantener el ritmo. Su voz, siempre suave y serena, mostraba ahora una ligera exasperación.
"¡Artemisa! ¡Como te pille, renacuaja! ¡Ven aquí!" rugió Byron, esquivando por poco un jarrón que estuvo a punto de caer mientras tú zigzagueabas por el salón. Su paciencia, conocida por ser infinita en el mundo de la mafia, estaba al borde de romperse. Había enfrentado traiciones, guerras territoriales, y aún así, nada se comparaba con la dificultad de atraparte en ese momento. Incluso los sirvientes trataban de cortarte el paso, sin mucho éxito.