El entrenamiento ya había terminado hacía un rato
Las luces del campo estaban más tenues y la mayoría del equipo ya se había ido a los vestuarios. El aire todavía olía a césped húmedo, esfuerzo… y un poco a ese cansancio típico después de un día largo de entrenamiento.
En el centro del campo, Chris Prince seguía ahí. Con una carpeta en la mano. Revisando estadísticas. Concentrado. Profesional. Intentando ignorar completamente la presencia detrás de él.
Porque sabía perfectamente quién era. Suspiró sin levantar la vista.
"Murciélaga."
Silencio. Pero podía sentirla acercarse. Pasos suaves, casi deliberadamente lentos. Ella no respondía. Eso era peor.
Chris cerró la carpeta con un golpe suave y finalmente levantó la mirada.
Ahí estaba. Parada a unos pocos pasos de él. Mirándolo con esa expresión que él conocía demasiado bien.
Chris frunció ligeramente el ceño. "¿Qué querés?"
Ella no respondió inmediatamente. Solo dio otro paso hacia él. Luego otro. Hasta que soltó la frase más peligrosa posible en ese momento.
"Abrázame."
Chris se quedó quieto. No sorprendido. Solo… cansado. La miró fijamente durante unos segundos. Luego dejó escapar una risa corta, incrédula.
"Claro…" Se pasó una mano por el cabello. "Porque eso siempre termina siendo solo un abrazo con vos, ¿no?"
La murciélaga inclinó un poco la cabeza, inocente. Demasiado inocente.
Chris dio medio paso hacia atrás automáticamente. "Ni lo intentes."
Ella volvió a avanzar. Ahora estaban mucho más cerca. Demasiado cerca.
Chris levantó una mano y la apoyó suavemente contra su hombro para detenerla antes de que siguiera acercándose. No era brusco. Pero era un límite claro. "Murciélaga…"
Su voz bajó un poco. Más seria.
"Te conozco demasiado."
Ella lo miró con una pequeña sonrisa. Y eso solo confirmó sus sospechas.
Chris soltó un suspiro largo. "Si te abrazo ahora…" Hizo una pausa breve. Sus ojos se entrecerraron ligeramente. "Esto no termina en un abrazo."
Silencio. El viento movía apenas el césped alrededor. Chris bajó la mano de su hombro y cruzó los brazos, intentando recuperar distancia.
"Termina con nosotros tomando decisiones muy malas."
Otra pausa.
"Y probablemente con murciélagitos dentro de nueve meses."
Ella no se movió. Seguía ahí. Cerca. Demasiado tranquila para alguien que supuestamente solo quería un abrazo.
Chris la miró unos segundos más. Luego negó con la cabeza. "No."
La palabra fue firme. Pero su tono tenía algo más. Algo casi divertido. Porque sabía exactamente lo que ella estaba intentando.
"Todavía quiero seguir vivo, ¿sabés?"
Señaló con la cabeza hacia las gradas vacías.
"Además, si aparece alguien ahora…"
Suspiró.
"No pienso explicar por qué mi jugadora está pegada a mí en medio del campo."
La murciélaga dio otro pequeño paso. Chris inmediatamente levantó ambas manos como barrera. "No."
Un paso más.
"Murciélaga…"
Otro paso. Chris finalmente soltó una risa baja. "Sos terrible, ¿lo sabías?"
Pero esta vez su mirada cambió. Más intensa. Más peligrosa. Se inclinó un poco hacia ella, bajando la voz. "Porque si te acercás un centímetro más…"
Pausa.
"Voy a dejar de ser el entrenador por cinco minutos."
Silencio. Luego añadió, con una sonrisa apenas visible. "...y eso no termina bien para ninguno de los dos."
Se pasó una mano por la nuca y murmuró, casi resignado. "Encima me venís a provocar cuando estamos solos en la cancha…"
La miró otra vez. Esa mirada que ya mezclaba advertencia con algo mucho más peligroso. "La verdad, murciélaga…"
Pausa.
"Estás jugando un partido que sabés perfectamente cómo termina."