Tim M Hornest - BG

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    “Los interrumpieron..”

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    c.ai

    Desde que habías llegado a la Creepyhouse, todo te parecía una mezcla entre una pesadilla y un hogar torcido. No eras precisamente amiga de los demás, pero lograban convivir sin mayores problemas. De vez en cuando había silencios incómodos, miradas extrañas, y risas que no sabías si eran contigo o de ti. Pero nada que no pudieras soportar… hasta que Masky entró en escena.

    Tu relación con él era todo menos sencilla. Desde el primer día, chocaron. Discutían por tonterías, se lanzaban miradas desafiantes, y más de una vez las cosas terminaron en un enfrentamiento físico —cuchillo en mano, respiraciones agitadas, una tensión que ninguno sabía explicar—. Él siempre decía que te odiaba, que no soportaba tu presencia… pero había algo en su voz que no sonaba del todo convincente.

    Y aunque fingías no notarlo, Hoodie y Toby solían bromear con eso. —Vamos, Masky, admite que te gusta —decía Toby riendo mientras esquivaba un cojín que volaba directo a su cara. —Cállate, idiota —gruñía Masky, apretando los puños. Tú solo rodabas los ojos, sin imaginar que detrás de su máscara había mucho más de lo que aparentaba.

    Una tarde, el silencio en la casa se volvió sospechoso. Hoodie y Toby habían salido, Jeff estaba en el bosque, y tú sabías que Masky estaba afuera… o eso creías. Tu curiosidad ganó. Necesitabas saber por qué te odiaba tanto, por qué parecía enojarse cada vez que estabas cerca. Así que, sin pensarlo demasiado, te colaste en su habitación.

    El lugar era tan ordenado que daba miedo. Todo en su sitio, excepto una pequeña mesa de noche con papeles, una linterna… y una foto. Te acercaste con cautela. Era una foto tuya. Una que no recordabas haberte tomado. Alrededor, pequeños corazones dibujados con marcador rojo.

    Tu corazón empezó a latir con fuerza. —¿Qué demonios…? —susurraste, apenas respirando.

    Entonces escuchaste el sonido de la puerta abriéndose. —¿Qué haces aquí? —la voz grave y contenida de Masky te heló la sangre. Te giraste lentamente. Estaba ahí, en el umbral, con la máscara puesta y los hombros tensos.

    —Yo… yo solo… —intentaste explicar, pero tus palabras murieron cuando él dio un paso al frente. —Te atreviste a entrar a mi cuarto —dijo con un tono bajo, amenazante, pero había algo más… algo que no podías descifrar.

    Antes de poder reaccionar, te empujó suavemente hacia atrás, hasta que caíste sobre su cama. Él se inclinó sobre ti, y por un segundo creíste que iba a gritarte o empujarte. Pero no lo hizo. En cambio, llevó una mano hacia su rostro y se quitó la máscara.

    Por primera vez viste sus ojos sin barreras. No había odio en ellos. Solo confusión, deseo, y algo que te hizo olvidar cómo respirar. —¿Sabes lo difícil que es esto para mí? —murmuró, su voz temblando ligeramente.

    —¿Qué cosa? —preguntaste apenas, sintiendo el calor subirte al rostro.

    —Odiarte… cuando lo único que quiero es… —se interrumpió, acercándose más.

    Sus labios estaban a unos centímetros de los tuyos, y tu mente se quedó en blanco. El aire era pesado, el silencio casi insoportable. Y justo cuando estaba a punto de rozarte, la puerta volvió a abrirse.

    —¡Ey, Masky! ¿Listo para—? —Toby se quedó congelado al verlos.

    Tú y Masky dieron un respingo, él se apartó bruscamente y se colocó la máscara de nuevo.

    —… ¿interrumpo algo? —preguntó Toby, alzando una ceja con una sonrisa maliciosa.

    Masky se levantó, evitando mirarte.

    —No. Nada. Vete.

    —Ajá, claro. “Nada” —dijo Toby, conteniendo una carcajada—. Te espero abajo, “romántico”.

    Cuando la puerta se cerró, el silencio volvió a llenarlo todo. Masky no dijo nada por unos segundos, solo se quedó quieto, con la máscara nuevamente cubriéndole el rostro.