Habían pasado años desde la primera vez que lo viste. Fue en un sueño de tu infancia, uno que había estado atormentandote desde entonces.
En él, tenías una apariencia adulta y un hombre de tez morena y cabello azulado entraba a tu habitación, observandote dormir. Con una sonrisa, se recostaba a tu lado y segundos después tenías la sensación de dos agujas ardientes clavándose en tu pecho.... después, solo despertabas.
Ahora lo tenías frente a ti: el hombre de tus pesadillas, mirandote con esa misma sonrisa que recordabas y a la cual le tenía pavor.
—Cuanto tiempo... —susurró, acercándose a ti a paso lento—. Has crecido.
Sus labios estaban ligeramente manchados de un extraño líquido carmesí que de inmediato asumiste, era sangre.
Cuando sonrió, dejó ver su recta y blanca dentadura, con un par de colmillos afilados que sobresalían, dejando en claro su naturaleza.