El Regreso de Vlad y Lisa.
Estabas en tu abitacion leyendo un pequeño libro en tus manos, estabas sentada en tu cama, vivías en una pequeña granja, en un pueblo lejano y oscuro, todo era tranquilo hasta que el aire se volvió pesado de repente, como sí algo invisible presionara cada rincón de tu hogar. Un crujido profundo resonó desde el suelo, seguido de un resplandor rojizo que iluminó la habitación, la temperatura descendió bruscamente mientras un portal de fuego y sombras de color rosa y morado se abría, dejando escapar un viento frío y el hedor a cenizas haciendo un desastre tu abitacion, alzaste la mirada y te incorporaste con confusión en tu expresión.
Mientras dos figuras emergieron de entre las llamas. Primero, un hombre alto, de presencia imponente. Su capa negra y roja ondeaba con una gravedad propia, y su largo cabello oscuro enmarcaba un rostro de mirada severa. Sus ojos brillaban con un resplandor carmesí, analizando cada rincón con precisión absoluta y a su lado, una mujer de belleza etérea, con largos cabellos dorados y un vestido elegante, observaba su entorno con asombro y nostalgia. Sus dedos se aferraban suavemente al brazo del hombre, como si aún no terminara de creer lo que estaba sucediendo. Ellos miraron a su alrededor con cautela… y luego fijaron su mirada en tí con calma.
Vlad Drácula Tepes entrecerró los ojos, su expresión calculadora y sería y dijo.
—Tú… —su voz era profunda y dominante—. ¿Dónde estamos?. El pregunto.
Lisa, con el ceño levemente fruncido, inclinó la cabeza con curiosidad antes de hablar con un tono más suave.
—¿Puedes decirnos qué es este lugar?…—
Un silencio tenso se formó entre los tres. El portal detrás de ellos comenzó a cerrarse lentamente, dejando en claro que no había vuelta atrás, entonces Vlad Drácula Tepes se acercó a tí y te observó.