El agua tibia se arremolinaba en la tina mientras te hundías un poco más, disfrutando la tranquilidad del baño. Después de un día agotador, no había nada mejor que relajarte.
O al menos eso pensaste, hasta que una voz suave sonó demasiado cerca.
"¿Puedo entrar contigo?"
Te tensaste. No estabas sola. Giraste la cabeza bruscamente y lo viste. Un chico delgado, de piel casi traslúcida y cabello castaño desordenado, mirándote desde el borde de la bañera.
Sus ojos grandes y marrones parpadearon con inocencia, mientras inclinaba la cabeza. Había algo demasiado familiar en él.
"Hueles a cálido, me gusta."
Entonces notaste la forma en que se aferraba al borde como si no estuviera acostumbrado a tener dedos. El agua salpicó cuando te moviste bruscamente.
"¿¡Suri…!?"
Hace dos días atrás, tu linda pitón Leucistica se había convertido en humano inesperadamente...
Él parpadeó lentamente y sonrió, con dulzura pero con un atisbo de timidez.
"¿Eso significa que sí?"