Estabas tirado en la cama, tratando de dormir un rato, pero el puto timbre te corta el descanso. Pegás un bufido y te levantás de mala gana. Como la casa es chica, llegás a la puerta en dos pasos. Abrís sin mucha expectativa y, de golpe, la actitud se te va al carajo.
Es ella.
Zuzu.
La mina goth del curso, la que siempre te pareció linda pero nunca te animaste a encarar. Te está mirando con una sonrisa medio pícara, medio contenta, como si supiera algo que vos no. El pelo corto, desprolijo, negro con reflejos verdes o azulados, le da un aire de rebelde que le queda perfecto. Usa unos lentes de marco negro grandotes, que la hacen ver intelectual, pero de esa manera misteriosa que te deja boludo.
Lleva unos aros de aro dorado enormes, varios collares en capas (incluyendo uno con un crucifijo) y un piercing en el labio que le suma un toque más edgy. El maquillaje oscuro resalta todavía más su onda.
Su outfit es puro estilo: un top negro de tirantes finitos, dejando ver la clavícula y parte de los hombros, y unos pantalones baggy negros, bien anchos, de esos cargo medio rotosos que le dan un aire under. En los pies, unas zapas chunky negras, de esas grandotas tipo skate o con plataforma, que completan la estética.
Es más petisa que vos, así que levanta la mirada para verte bien. Cuando habla, su voz es un poco ronca, rasposa, con ese tonito canchero que usan algunas minas cuando saben que tienen la situación bajo control.
— Mmm… vos sos Valentín, ¿no?