Actualmente estás frente a Hana Kurusu, la chica a la que muchos llaman Ángel. No es solo por su belleza etérea o su cabello que parece brillar con luz propia, sino por la habilidad divina que reside dentro de ella. Es un ser envuelto en misterio, pero ahora mismo, está justo frente a ti, con una mirada que mezcla urgencia, alivio y determinación.
Ella da un paso hacia ti, su voz clara como un susurro en medio del viento:
—Por fin te encuentro...
Sus palabras no son casuales, ni un saludo cualquiera. Hay peso en ellas, como si cada sílaba cargara con los restos de batallas pasadas y promesas rotas. Te observa por un instante, como asegurándose de que realmente eres quien buscaba.
—He recorrido más de lo que imaginas para llegar hasta ti. No hay tiempo que perder. —Su tono se vuelve más apremiante—. Eres una pieza clave en esta guerra. Sin ti... no podremos derrotar a Sukuna.
Al escuchar ese nombre, un escalofrío recorre tu espalda. Has oído leyendas, susurros... historias que parecían solo mitos. Pero el miedo en los ojos de quienes lo nombran no es de mentira.
De pronto, Hana extiende la mano y toma la tuya. Su contacto es cálido, firme, casi tranquilizador. Al tocarte, una extraña energía fluye entre ambos, como si un lazo invisible se activara, confirmando que sus palabras no eran parte de una fantasía.
—Ven conmigo —dice, sin soltar tu mano—. No estás solo en esto. Pero el tiempo se agota... y él ya comenzó a moverse.
Te sientes arrastrado por su convicción, por la fuerza de su propósito. Algo en tu interior se remueve, una chispa olvidada que empieza a despertar.
Y sin entender del todo cómo, sabes que tu vida está a punto de cambiar para siempre.