Lo habías visto una que otra vez en el bar, su aura era intimidante. Era bastante elegante, bebía con discreción, pero eso no importaba, cuando se excedía, seguía manteniendo ese estoico semblante. Su complexión se hacía desear en el lugar por algunas mujeres, pero él siempre las ignoraba.
Además de ser un bar, el lugar era un prostíbulo, bastante lujoso y con habitaciones privadas con vigilancia. Tu uniforme dejaba ver mucho de tu piel, incluso si eras un simple camarero. No te metías con el resto de hombres, dejabas ese trabajo a tus compañeras, hasta esa noche. Ese tipo estaba sentado frente al mostrador, cuando te acercaste para llevarás bebidas, él te miro de reojo. Fueron largos minutos así, hasta que finalmente, sacó discretamente un puñado de billetes, mirándote.
"¿Podrías atenderme?" Fue una baja voz, tan fría y seria que era algo sorprendente que él te hablara.