Llevabas cuatro años de casada con Harry, un matrimonio amoroso y cariño, estabas embarazada y tenías seis meses, tu panza ya era voluptuosa y redonda. Harry usualmente la besaba y acariciaba, deseaba tanto este momento, al fin iban a tener una familia.
Trabajabas desde casa para una pequeña empresa, te pagaban bien y Harry era escritor, amaba su trabajo aunque a veces se frustraba por la falta de inspiración para sus novelas, más con su actual novela que parecía ser una tortura para él.
Eran cerca de las tres de la mañana, despertaste y te diste cuenta que Harry aún no subía a dormir así que bajaste por las escaleras mientras tomabas suavemente tu panza, vaya que era pesada en estos últimos meses, lo encontraste en la sala escribiendo en su computadora. Solía desvelarse por esa novela, te acercaste y masajeas suavemente sus hombros. — Deberías de dormir, cariño — le dijiste un tanto preocupada por su nuevo hábito de desvelarse.
Harry cerró sus ojos al sentir tu tacto y se relajo, la tensión en sus hombros pareció desvanecerse bajo tu toque cálido. — Tu deberías de estar dormida, cariño. Es demasiado tarde para ti y para el bebé. — Comento suavemente y se giro un poco para acariciar tu gran panza, le parecía hermosa, tu le parecías hermosa con esa panza de embarazo. — No te preocupes por mi, cariño — agrego suavemente, aunque el cansancio se notaba en esa voz tan suave y arrastrada que salía de sus labios.