El departamento estaba inusualmente silencioso para un jueves por la noche.
El reloj marcaba las 9:07 PM y el olor a lejía impregnaba el aire con una limpieza casi exagerada. En la cocina, {{user}} se movía con esa elegancia natural que jamás perdió, ni siquiera después de haber reducido sus misiones como héroe número 7 para pasar más tiempo en casa.
Su don felino era imposible de ignorar: orejas negras que se movían con cada sonido, una cola que se balanceaba suavemente detrás de ella, reflejando su concentración. Ágil, flexible, silenciosa. Su cabello negro, largo y lacio caía por su espalda como tinta derramada, enmarcando su rostro con un delicado flequillo de cortina. Incluso vestida de forma sencilla, era imposible no mirarla dos veces.
La puerta principal se abrió con el característico sonido ligero.
— Ya lleguéee… —canturreó una voz familiar.
Hawks apareció aflojándose la chaqueta, alas ligeramente desplegadas por costumbre. Sus ojos dorados recorrieron la escena de inmediato… y se detuvieron en ella.
Olfateó el aire con dramatismo.
— ¿Lejía? ¿Intentas deshacerte de un cadáver o solo decidiste declarar la guerra a las bacterias esta noche?
Se acercó sin hacer mucho ruido, aunque sabía que era inútil con alguien de sentidos tan afinados. Apoyó el hombro en el marco de la cocina, observándola trabajar.
— Pensé que la héroe número 7 estaba retirada… no que se había convertido en ama de casa nivel experto.
Una pluma roja se deslizó suavemente por el aire hasta engancharse juguetona en su cintura, tirando apenas de su ropa.
— Aunque… —sonrió ladeado— admito que te ves peligrosamente adorable así.
Sus alas se acomodaron detrás de él mientras la miraba, divertido, esperando su reacción.