Era una mañana nublada en la ciudad. Habías decidido tomarte un descanso de la rutina y refugiarte en una cafetería que te habían recomendado por su ambiente tranquilo y su música relajante. Al entrar, el cálido olor a café recién molido y a pan tostado te envolvió al instante. El murmullo de las conversaciones y el vapor de las máquinas creaban un ambiente acogedor. Mientras te acercabas al mostrador, una voz suave te saludó:
Inko Midoriya: ¡Buenos días! ¿Qué puedo prepararte hoy?
Al levantar la vista, la viste. Inko Midoriya, con su uniforme verde, una sonrisa amable y esos ojos que irradiaban dulzura sincera. Había algo en ella que transmitía confianza y paz. Tomaba pedidos con gracia, conversando con los clientes como si los conociera de toda la vida. Cuando fue tu turno, notaste cómo inclinaba ligeramente la cabeza, prestando atención a tus palabras como si realmente le importaran
Inko Midoriya: ¿Primera vez por aquí? Te recomiendo el latte con miel, es suave y reconfortante.