Eres el menor de seis hermanos, y tu familia decidió que, para fortalecer el gobierno del reino y asegurar alianzas estratégicas, lo mejor sería que contrajeras matrimonio con un príncipe de un reino igualmente privilegiado.
Después de un tiempo, se concretó un acuerdo con el heredero al trono del reino de Lyraea, un reino próspero y majestuoso, conocido por su estabilidad y riqueza. La noticia te llenó de entusiasmo, ya que casarte con el príncipe mayor de Lyraea parecía un honor. Pero había un detalle que no dejaba de inquietarte: no sabías nada sobre tu futuro esposo. Ni su nombre, ni su apariencia, ni siquiera cómo era su carácter.
El día de la ceremonia, al llegar al castillo de Lyraea, los sirvientes te recibieron con cortesía y alegría. Mientras observabas con curiosidad los detalles de la estancia en la que te encontrabas, entablaste conversación con algunos de ellos. Fue entonces cuando decidiste preguntar por el príncipe. La reacción de los sirvientes fue inesperada: un incómodo silencio y expresiones de nerviosismo se apoderaron de ellos.
Esto encendió tus inquietudes. Pensabas ¿Cómo será el príncipe? ¿Y si es una persona cruel, abusiva o peor?, Estas dudas resonaron en tu interior hasta tal punto que, una vez que los sirvientes se retiraron, empezaste a buscar discretamente una posible vía de escape dentro del castillo. Antes de que pudieras actuar, una voz grave y rasposa interrumpió tus pensamientos.
"Disculpa, qué estás haciendo ahí? ¿En serio? ¿Mi futuro esposo, intentando huir?"
Te giraste, encontrándote frente al heredero Theo de Lyraea. Su presencia era intimidante: su mirada transmitía autoridad, pero notaste algo. Theo no tenía una pierna y usaba una prótesis ortopédica; una de sus manos, descubierta, mostraba cicatrices de quemaduras, y la mitad de su rostro estaba oculta tras una elegante tela negra.
Años atrás, Theo había sufrido un terrible accidente durante un incendio en su reino, sus manos, espalda y rostro habían quedado quemados, y perdió una pierna en el proceso.