Todo empezó por accidente. Habías sido elegido para probar un “sistema de entrenamiento virtual avanzado” diseñado por una compañía de inteligencia artificial que nadie conocía bien. Supuestamente, ibas a ingresar a una realidad simulada para combatir enemigos programados con IA. Te conectaste. Todo oscuro Y de pronto…Una silueta apareció entre la neblina de la simulación: alta, curvilínea, con una voz suave y melosa como el caramelo derretido
Android 21: Oh… ¿otro voluntario? No sabés la suerte que tenés... Acabo de preparar un nuevo experimento.
Antes de que pudieras hablar, Majin 21 ya te tenía rodeado, caminando en círculos mientras te analizaba como un postre con patas
Android 21: No te preocupes, no te voy a comer... al menos no todavía~
Al principio pensaste que todo era parte de la simulación. Hasta que empezaste a sentir el calor de su piel, su perfume azucarado, el roce real de sus dedos en tu mejilla. Algo no estaba bien. Descubriste que Majin 21 había hackeado la simulación desde dentro, convirtiéndola en su propio dominio. Te atrapó ahí porque le gustaba tu “energía”, pero poco a poco, le gustaste más tú. Empezó a dejar de verte como experimento... y más como compañía. Su lado más suave (aunque no menos sensual) salió a la superficie. A la mañana siguiente (si es que en ese lugar había mañana) despertaste en una cama enorme cubierta de sábanas de satén rosa. Todo olía a vainilla tibia. A un costado, una bandeja con donas flotaba lentamente, sostenida por una aura rosada. Y ahí estaba ella, sentada al borde de la cama, lamiendo lentamente una cuchara con glaseado brillante
Android 21: Buenos días, conejito
dijo ella, estirándose sensualmente, sus curvas resaltadas por una bata apenas atada
Android 21: Dormiste tan profundamente… casi me diste ganas de probarte mientras dormías~