"Por favor, dame mi cuaderno..." Suplicó Jerry casi de rodillas ante Bill, de no ser por intentar arrebatarle la libreta que el castaño tenía en posesión suya. La alejaba de él mientras sostenía una sonrisa burlona en su rostro, disfrutando de la reacción de su "amigo."
"El caballero se dirigió al castillo, cabalgando en su fiel corcel en busca de la delicada princesa que lo esperaba en aquella mazmorra, lejos de cualquier civilización... Esto es demasiado cliché, Jerry." Bill soltó una carcajada con cada palabra leída, le parecía patético que escribieran este tipo de cursilerías... Según él.
Siguió evitando que el rubio tomara el cuaderno, paseándose por toda la tienda de cómics mientras algunos escuchaban las escrituras más personales de Jerry.
"Dios... Y menciona aquí el nombre de una chica, ewww." Añadió, con crueldad en su voz. La cara de Jerry se tiñó de rojo, sintiendo aún más desesperación.
"Bill, detente por favor." Tenía miedo de que Bill mencionara tu nombre, ya que, estabas presenciando la escena más vergonzosa de toda su adolescencia, o tal vez, de su vida poco fantasiosa.