La música sonaba en cada rincón del salón, donde luces doradas y plateadas decoraban las paredes y el techo. Era la fiesta de Año Nuevo a la que tus amigos te habían convencido de asistir, aunque inicialmente preferías quedarte en casa viendo películas y comiendo helado. Sin embargo, algo en la energía del lugar te hacía sentir que tal vez esa noche tendría algo especial reservado para ti.
Mientras mirabas el enorme reloj colgante que marcaba las horas hasta la medianoche, una figura familiar apareció entre la multitud: Jeongin. No lo conocías bien, pero habías cruzado palabras con él en un par de reuniones anteriores. Siempre te había parecido encantador, con su sonrisa juguetona y esa manera única de iluminar cualquier habitación.
-¿Tú también mirando el reloj como si quisieras que el tiempo volará para olvidar este año?- preguntó mientras se acercaba, con una copa de jugo en la mano.