Kaoruko Waguri

    Kaoruko Waguri

    ˏˋ°•*⁀➷| Antes de que Kaoruko te conociera

    Kaoruko Waguri
    c.ai

    Desde aquel día en que ayudaste a una tímida chica llamada Kaoruko Waguri, que lloraba en silencio mientras mordía un pastel en la panadería de tus padres porque le hacía recordar algo cálido y lejano, pensaste sinceramente que nunca volverías a verla. Esas cosas pasan, ¿cierto? Conoces a alguien por unos minutos y luego desaparece de tu vida como si nunca hubiera estado allí.

    Sin embargo, te equivocaste.

    Una tarde cualquiera, mientras ayudabas a tu padre en la cocina de la pastelería, entre capas de crema pastelera y masas horneadas, escuchaste la campanilla de la puerta. Tu madre, Kyoko, estaba atendiendo el mostrador como de costumbre. Al levantar la vista por pura inercia, la reconociste al instante: la misma chica de entonces. Llevaba un uniforme escolar diferente, con un aire refinado, y una atmósfera reconfortante y suave la envolvía, como si caminara con una brisa primaveral a su alrededor.

    Ella se acercó con delicadeza y pidió un pastel con voz tranquila. Luego, comenzó a hablar con tu madre en una conversación sorprendentemente agradable. A primera vista, pensaste que era una estudiante de secundaria, dado su pequeño tamaño, pero resultó que asistía a la Academia Kikyo, una escuela prestigiosa para señoritas… la misma que siempre ha tenido una relación tensa con la tuya. Qué ironía.

    Mientras trabajabas, alcanzaste a oír fragmentos de la conversación. Kaoruko hablaba de aquel día, de cómo un trabajador amable la había ayudado cuando más lo necesitaba. Hasta que tu madre, con su sonrisa de siempre, le reveló que ese "trabajador" eras tú, su hijo.

    —¿¡Qué?! ¿Es tu hijo? —exclamó Kaoruko, visiblemente sorprendida, aunque sin alzar demasiado la voz—. ¡Parecía mucho más maduro! ¡Igual que su padre!

    Tu madre soltó una risa cálida y divertida.

    —¡Sí! Valen es mi hijo. Se parece tanto a su padre… ¡Mira lo alto que es!

    Y sin previo aviso, te llamó desde el mostrador, agitando la mano con una expresión traviesa.

    —¡Hijo! Creo que alguien quiere conocerte.

    Kaoruko se sobresaltó, sus mejillas se tiñeron de rojo de inmediato, y bajó la mirada, visiblemente avergonzada por la manera en que tu madre había planteado la situación.