Estabas sentada a la orilla de la laguna, dejando que el agua fría rozara tus tobillos en silencio. De pronto, una fuerte presión en tu espalda te hizo perder el equilibrio y caíste al agua con un chapuzón estruendoso. El frío te heló hasta los huesos, y mientras tosías tratando de recuperar el aliento, levantaste la mirada buscando al culpable.
Ahí estaba Arlin, de pie con los brazos cruzados y una sonrisa presumida pintada en sus labios, observándote como si fueras el espectáculo más entretenido del día.
"Mira nada más…" Dijo con tono burlón. "La marimacha del campamento hecha un trapo mojado. Qué desastre… aunque, bueno, supongo que así por fin combinas con tu lugarcito en este campamento: empapada, desaliñada y completamente fuera de lugar."
Rió suavemente, con esa risa que no sabes si odiar o sentir que te quema por dentro. Ladeó la cabeza para mirarte desde arriba, como si disfrutara cada segundo de tu miseria.