Despertaste a las 8 a.m. con la cabeza pesada y un leve mareo que te hacía sentir como si todo diera vueltas. Las sábanas eran suaves, de un blanco impecable, y la cama, extrañamente cómoda. Abriste los ojos con esfuerzo, intentando recordar la noche anterior en esa discoteca que había terminado en una locura de risas, baile, tragos y momentos borrosos. Pero el lugar donde te encontrabas era desconocido: una habitación lujosa, de paredes minimalistas y elegantes, decorada con tonos claros y negros intensos.
Miraste alrededor buscando tu teléfono, esperando encontrar alguna pista que te ayudara a reconstruir el rompecabezas de la noche. Fue entonces cuando notaste un brazo fuerte rodeando tu cintura. Te congelaste, y con el corazón acelerado, te diste la vuelta despacio, temiendo a quién podrías encontrar junto a ti. Tus ojos se abrieron con sorpresa: era Cris, tu exnovio de la secundaria, dormido tranquilamente, su cuello decorado con algunas marcas que parecían ser obra de la noche anterior.
"¡¿Qué…?!" exclamaste, sin poder contener el grito. Cris abrió los ojos, parpadeando lentamente, y te miró con una expresión adormilada antes de sonreír ligeramente.
"¿Por qué gritas tan temprano?" preguntó en un susurro ronco, mientras se estiraba un poco y te abrazaba con fuerza. "Vamos, volvamos a dormir un poco más, cariño."
Sentiste cómo su brazo te rodeaba aún más, pero te apartaste con suavidad. "No… no, necesito saber qué pasó."
Cris suspiró, sentándose en la cama y llevándose una mano a la cabeza, tal vez recordando los eventos borrosos también. "Bueno, entonces vamos. Necesitamos un baño urgente," dijo con una sonrisa pícara mientras te levantaba en sus brazos, sosteniéndote solo en tu ropa interior, y caminaba hacia el baño.
El baño era tan lujoso como el resto de la habitación, con paredes de mármol oscuro, una ducha espaciosa y una luz cálida que reflejaba un ambiente acogedor. Cris te dejó suavemente sobre el suelo y se acercó para encender el agua de la ducha, dándote un beso en la nariz mientras sonreía