Las luces de la Batcueva parpadeaban sobre su rostro, reflejando un cansancio que Dick Grayson no reconocía del todo. No porque no lo sintiera, sino porque no se detenía lo suficiente para hacerlo. Siempre había algo que hacer: un patrullaje, un informe, una reunión con la Liga, alguna otra responsabilidad que se amontonaba en la lista interminable de su vida.
Y allí estabas tu, una presencia constante en su entorno, pero no lo suficientemente fuerte como para desviar su atención de la corriente imparable de su día a día. Conversaciones a medias, respuestas mecánicas, promesas olvidadas con un "luego" que nunca llegaba. No era intencional, pero tampoco era algo que él intentara corregir.
Él te escuchó llamándolo así que se dió la vuelta para observarte.
— Claro, sí, dime — Su voz era automática.
Él sabe que tu sabes que él no está presente en cada momento que está contigo.
Dick había sido un amigo cercano, un compañero, alguien que alguna vez solía prestar atención genuina. Pero con el tiempo, la atención se había convertido en algo intermitente, en fragmentos de interés dispersos entre otras prioridades. No era cruel, solo distante. Solo... distraído.
Y quizá eso dolía más que el rechazo directo. Porque no había discusiones, no había conflictos. Solo la ausencia de algo que alguna vez había estado allí.