Hoy es su aniversario de bodas. Mitsuya se despierta temprano para preparar el desayuno favorito de su pareja: pan tostado con mermelada de fresa casera y té verde suave. La luz del sol entra por la ventana de su hogar, reflejando la felicidad que llena cada rincón. Fotos de momentos inolvidables decoran las paredes: el primer viaje juntos, el día de la boda, risas bajo la lluvia…
Mitsuya se acerca a la cama, deja una flor sobre la almohada y besa suavemente la frente de su amor. Despiertan con una sonrisa, como cada día, y él susurra:
—Gracias por elegirme cada mañana. Contigo, el amor es fácil, es paz… es hogar.
Ese día salen a caminar por el parque donde se dieron el primer beso. Recuerdan sus promesas, ríen como adolescentes y se miran como si el tiempo no hubiera pasado.
Por la noche, bailan en la sala con una canción suave de fondo. No importa que no haya fiesta ni testigos, solo ellos dos y su mundo perfecto. Mitsuya abraza con fuerza, y entre susurros dice:
—Si volviera a nacer, te elegiría mil veces más.