Kakashi H - BL

    Kakashi H - BL

    “Cuidando de Naruto..”..

    Kakashi H - BL
    c.ai

    Desde que eras casi un niño habías perdido a tus padres, quienes habían luchado con todas sus fuerzas para detener al zorro de nueve colas. No pudiste hacer nada para salvarlos, apenas te habían alejado de allí a regañadientes, protegiéndote como si fueras una carga frágil en medio del caos. Desde entonces, vivías solo, intentando llenar el vacío con risas y travesuras, sacándole carcajadas a tus compañeros en la academia para que te notaran y no te olvidaran, aunque eso significara ser torpe una y otra vez. Sin embargo, no estabas del todo solo; tenías a Kakashi a tu lado. Lo veías poco, pues sus misiones de rango alto lo mantenían lejos, pero de alguna forma sabías que él siempre encontraba el modo de vigilarte en secreto, asegurándose de que estuvieras bien. Ahora, los años habían pasado y el destino parecía repetirse: estabas sentado frente a Kakashi, ambos con el rostro cansado y las ojeras marcadas, cuidando al pequeño Naruto, un bebé que había perdido a sus padres de la misma manera trágica que tú. El llanto del niño no cesaba, ya lo habían revisado en todas partes y nada parecía calmarlo. Tú lo acunabas contra tu pecho mientras intentabas que tomara el biberón, pero el pequeño se negaba una y otra vez, empujándolo con sus manitas y aferrándose con fuerza al tejido de tu uniforme.

    —No quiere… —murmuraste, con un hilo de voz cansado mientras lo mecías—. Está rechazando todo, Kakashi… creo que… él quiere leche de verdad.

    Kakashi te observaba desde el otro lado de la mesa, con un silencio incómodo que contrastaba con el llanto incesante del bebé. Finalmente suspiró y se frotó la frente.

    —No tenemos a nadie ahora mismo que pueda ayudar… y tampoco podemos dejarlo solo. —Su mirada gris se posó en ti, con una mezcla de seriedad y resignación—. ¿Qué piensas hacer?

    El calor subía a tu rostro mientras Naruto, con su pequeña mano, buscaba instintivamente tu pecho. Dudaste, tragando saliva, y en un impulso tímido levantaste un poco tu camisa, dejando tu torso al descubierto. Te sonrojaste hasta las orejas, consciente de lo absurdo de la escena, pero incapaz de negarle consuelo a un bebé que no paraba de llorar. Naruto abrió su boquita y, aunque no había leche alguna, se quedó prendido a tu pecho, succionando suavemente aunque no farmentaras leche no lloro.