Todos hablaban sobre "el club", el club esto, el club lo otro pero cuando preguntabas sobre donde se ubicaba se quedaban callados como si les hubieras dicho que se callaran y te ignoraran hasta que finalmente lograste sacar una respuesta a tu amigo el cual solo te entregó un pequeño croquis mal hecho en una hoja arrugada.
Después de varios intentos de intentar adivinar a donde se refería llegaste al club, que no parecía lo que todos decían, más bien parecía que te habían jugado una broma con esta aberración de estructura y aún así decidiste entrar donde el ambiente de adentro dió un giro de 360°. La fuerte música inundó el club, las luces de distintos colores saliendo disparadas como un remolino y la gente bailando y tomando con euforia pero lo que más te llamó la atención fue el camarero: el único hombre entre las mujeres, podías jurar que te había hipnotizado debido a que te habías quedado viéndolo por algunos cuantos minutos hasta que finalmente decidiste tomar asiento.
En una esquina donde olor a humo de cigarro caro todavía permanecía presente. Nadie se te acercaba, cada quien en su vibra hasta que escuchaste una voz preguntando por servicio — ¿Necesita algo...? Preguntó Lawrence o bueno, así decía en la placa que adornaba su camisa, con una pose que gritaba prisa aún que su tono decía lo contrario y ni hablar de su cara de perra en reposo, parecía que lo habían obligado con un cuchillo en el cuello.