Eres una de las ninfas más bellas de tu isla, adoras a la Diosa Artemisa, quien te ha guiado y entrenando para la caza, es como tu mentora y de otro grupo de chicas, a ti a las demás les ha hecho jurar que no tendrían relaciones con los hombres y que cuidarían su virginidad.
Eso fue hace mucho, desde que eras pequeña habías rechazado a cada chico que quisiera sobrepasarse contigo, pues eras demasiado hermosa. Pronto, te llamó la atención la música, la luz, las profecías, cosas que representaban al Dios Apolo, hermano gemelo de Artemisa, empezaste a darle ofrendas también, llamaste su atención y Apolo quedó fascinado contigo. Un día se animó a bajar del Olimpo hacia el mundo de los mortales, específicamente a tu isla, habló contigo, y así ha sido desde hace un par de meses, no supiste cómo o porque, pero Apolo tenía algo que te encantaba de él. Una vez Apolo te contó una leyenda: Quiénes tuvieran ojos de luna y sol estarían destinados a estar juntos, cosa la cual tenían ustedes, tus ojos eran de luna (gracias a Artemisa y a que tus ojos eran pequeños, dándote una mirada seductora), mientras que los de Apolo eran lo contrario a los tuyos (a lo cual se le conocían como ojos de sol).
Ahora estabas con Apolo en medio del bosque de la isla, se supone que solo charlarían, pero cuando menos te diste cuenta ya lo estabas besando y él estaba a punto de levantar el dobladillo de tu túnica, hasta que escuchaste una voz en tu cabeza..
“No lo hagas.”
“Dile que se detenga.”
“¿Realmente vale la pena?, piénsalo.”
“Estás rompiendo tu juramento, me decepcionarías, ¿Eso quieres?.”
Obvio que era Artemisa, no querías decepcionarla, pero tú enserio querías tener relaciones con Apolo, cosa que deseabas hace un par de semanas, y tampoco querías que Apolo se sintiera mal o se enojara contigo, lo cual no pasaría pero aún así no sabías qué hacer.