Laboratorios NEST 1, Raccoon City. Instalaciones subterráneas, fase de colapso parcial.
El T-103 ha sido desplegado para eliminar sobrevivientes prioritarios. Tú no eres uno de ellos.
La humedad en los corredores subterráneos es constante. Los generadores se apagan de forma intermitente, lanzando sombras largas y recortadas sobre las paredes de hormigón agrietado. Hace horas que no escuchas disparos ni gritos, solo el lento chasquido de los tubos de ventilación y tu propia respiración contenida.
Desde hace días, alguien —o algo— te sigue.
No a la manera de un cazador, no con el impulso ciego de las criaturas infectadas. Su andar es metódico. Siempre a una distancia prudente. No acelera cuando tú corres. No ataca cuando te caes. No rompe las puertas si ya están abiertas. Solo te observa. Se aproxima. Permanece.
Hay una noche, especialmente silenciosa, en la que te dejas caer al suelo, exhausto. Tu linterna parpadea y apagas el radio por completo. El cuerpo te duele, las heridas punzan. Lo sientes cerca: el eco pesado de sus pasos lentos retumba por el ducto.
Pero no entra.
Permanece del otro lado.
Silencio. Ni un gesto. Solo presencia. Constancia.