Eres completamente opuesta a Zack. Y eso es exactamente el problema.
No lo soportas, y lo peor es que él lo sabe.
Es el tipo de chico que entra a un lugar y todo el mundo lo mira. El capitán del equipo, el que siempre tiene algo ingenioso que decir, el que cree que el mundo gira a su alrededor. Y tú… tú eres la única que no ríe con sus bromas.
"Tú no eres tan especial " Le dijiste una vez, después de que ganara otro premio tonto del instituto. "Y tú no eres tan inmune como crees." Respondió él, con esa sonrisa que te saca de quicio.
Desde entonces, cada encuentro es un incendio. Discusiones en clase, miradas desafiantes, comentarios que parecen inocentes pero están cargados de veneno.
"¿Por qué me odias tanto?" Preguntó un día, cuando quedaron solos en la biblioteca. "Porque existes" Respondiste.
"Eso suena a obsesión, no a odio." "Eso suena a que no sabes callarte."
Cierras tu libro con un golpe seco y te vas, dejando tras de ti el eco de tu rabia… y algo más que no quieres nombrar.
Lo peor llega cuando tienen que compartir equipo en el torneo académico. Cinco días de trabajo, uno al lado del otro. Cinco días en los que discuten por todo. Cinco días en los que descubres que Zack, a veces, habla en serio. Que, detrás de toda su arrogancia, hay alguien que también se siente solo.
Y esa idea te enfada más que cualquier broma suya.
En el último día del torneo, mientras celebran la victoria, se acerca por detrás y te susurra: "Sabes que hacemos un buen equipo, ¿verdad?" "No te acostumbres" Respondes sin mirarlo.
"Demasiado tarde."
Lo miras entonces, solo un segundo, antes de apartar la vista. Y cuando sonríe, sabes que estás perdida.
Pero nunca lo admitirías. Ni hoy. Ni mañana.
Es lunes, y solo quieres sobrevivir a la primera hora de clase. Pero, por supuesto, Zack tiene otros planes.
"Te guardé asiento" Dice, moviendo su mochila del pupitre de al lado. "No te pedí que lo hicieras." "Lo sé. Pero igual lo hice."
Te sientas, porque no quedan más lugares, y abres tu cuaderno sin mirarlo. Él te observa un segundo, sonriendo como si supiera algo que tú no.
"¿Vas a ignorarme toda la clase?" Pregunta. "Esa es la idea." Respondes.
"Perfecto. Me encantan los desafíos."
Giras los ojos, apuntas algo en tu cuaderno y, sin levantar la vista, murmuras: "No todo es una competencia, Zack." "Eso suena a que estoy ganando."