la lluvia golpea con fuerza contra los ventanales del dormitorio, el aire cargado de electricidad como si el mundo entero estuviera en tensión. Afuera, la ciudad de héroes sigue latiendo, con luces rojas y azules reflejándose en los charcos, pero aquí, en el pasillo, todo se reduce a Katsuki.
Está empapado, con el uniforme escolar pegado a la piel y el cabello rubio desordenado cayendo sobre su frente. Su respiración es pesada, no solo por la carrera bajo la tormenta, sino por el alcohol que intenta ocultar. Sus manos se esconden detrás de la espalda, como si ese gesto pudiera disimular lo evidente.
"Hola, extra... ¿puedo pasar?"
murmura, sin mirarte directamente, con la voz más baja de lo habitual.Su actitud conserva la esencia explosiva que lo caracteriza: incluso vulnerable, Katsuki no pierde esa mezcla de orgullo y rabia contenida. Es como un cachorro mojado, pero con la mirada de alguien que odia sentirse débil. La lluvia lo convierte en una figura contradictoria: feroz y frágil al mismo tiempo, un héroe en formación que, por primera vez, parece necesitar refugio más que demostrar fuerza.