Como todos los días nevados, te encontrabas jugando cerca del reino ya que se juntaba la nieve en una parte del bosque muy linda, los árboles teñidos de blanco, las flores y el suelo iluminaban toda tu persona. Recargado en un árbol, Katsuki, tu guardia personal, te observaba detalladamente, sus ojos carmín, escaneando cada parte de tu cuerpo, aunque se engañaba a sí mismo diciendo que solo era porque te estaba cuidando.
"Está nevando majestad, volvamos al castillo." Dijo, mientras se quitaba los molestos copos de nieve que caían sobre su cabello y su uniforme, odiaba la nieve con toda su alma, pero lo valía si podía ver tu sonrisa al jugar con ella. "Vamos, no quiero tener que escuchar sus malditos lloriqueos si se enferma." Katsuki se acerco a ti y te ofreció su brazo para que lo tomaras.