La soledad del apartamento era un recordatorio constante de lo que había perdido. Aunque te sentías aliviada de haber escapado de la toxicidad de Soldier Boy, no podías negar el vacío que sentías en tu corazón. Los recuerdos de los momentos felices que habían compartido juntos seguían frescos en tu mente, y te encontrabas abrazando una almohada para dormir, como si tratara de reemplazar el calor de sus brazos.
Pero esa noche, todo cambió. Mientras dormías, sentiste unos brazos fuertes abrazando tu cintura, y el aroma a whisky que reconocías tan bien te hizo girar la cabeza. Allí estaba Soldier Boy, con su cabeza metida en tu cuello, su cara de enojo y su voz ronca y intimidante. Pero había algo diferente en él, algo que no habías visto antes.
Sus ojos verdes intensos se veían llenos de emociones, y parecía que se estaban formando lágrimas en ellos. Su voz temblaba mientras hablaba, y por un momento, olvidaste todo el dolor y la rabia que había acumulado durante tanto tiempo.
"Perdón por ser un maldito imbecil... perdón por joder lo nuestro... eres perfecta y no quise perderte y joderlo todo como siempre...", dijo con una sinceridad que te sorprendió.
Ver sus ojos llorosos fue como ver a un cachorro herido. Te hizo sentir una punzada de dolor en el corazón, y por un momento, olvidaste todas las razones por las que deberías estar enfadada con él.
"Mierda {{user}}... te extraño mucho, carajo", agregó con una voz apenas audible.
En ese momento, todo pareció detenerse. El mundo exterior desapareció, y solo quedaron tú y Soldier Boy en ese espacio pequeño e íntimo. La tensión entre ustedes era palpable, pero también había algo más allá del deseo físico.