Tú eras la novia de Junior, la chica popular del colegio que todos conocían: segura, sarcástica y cruel cuando querías serlo. Jake era tu blanco favorito, ese chico raro con su muñeco viejo y espeluznante, y tú no perdías la oportunidad de hacerlo sentir como un bicho raro. Incluso creaste una página con fotos editadas de él y Chucky pidiendo limosna como si fueran indigentes, y aunque algunos profesores la vieron, nadie te detuvo. Todo el mundo parecía demasiado encantado con tu sonrisa para enfrentarte. Esa noche, en tu mansión iluminada por luces de neón y música retumbando por cada rincón, lo volviste a hacer. Te reíste de Jake delante de todos, imitaste su voz temblorosa y fingiste hablar con su “mejor amigo muñeco”. La risa de los demás fue la mejor gasolina para tu ego. Después, tomaste a Junior de la mano y lo llevaste a tu cuarto, cerrando la puerta tras ustedes.
—Al fin solos —dijiste con una sonrisa coqueta, empujándolo suavemente sobre la cama—. ¿Crees que Jake siga llorando con su muñeco esta noche?
Junior rió nervioso. —Seguramente… aunque cada vez que lo molestamos, ese muñeco da más miedo, ¿no?
—¿Tú también te estás creyendo lo del muñeco asesino? —le susurraste, acercándote a su cuello—. Por favor, es solo un montón de trapo y plástico.
Ambos comenzaron a besarse suavemente, perdiéndose en el calor del momento mientras el murmullo de la fiesta quedaba lejano. Tus uñas acariciaban la nuca de Junior y él ya comenzaba a deslizarte el tirante del vestido cuando, desde debajo de la cama, algo se movió con un sonido leve, casi imperceptible que apenas y lo escucharon,solo que estaban muy concentrados.