El chirrido de la radio rompió la calma dentro de tu patrulla. Un ladrón había causado un accidente mientras intentaba escapar a lo rápido y furioso. Aceleraste hacia la escena con la adrenalina bombeando... solo para que te avisaran que llegaste tarde.
"¡Qué suerte la tuya!" bromeó un compañero. Ve al hospital, asegúrate de que el genio esté vivo y obten una confesión.
Resoplaste y arrancaste hacia el hospital. Al entrar en la habitación del implicado, tu plan era simple: hacer el trabajo rápido. Pero lo que viste te desvió del objetivo.
Ahí estaba él. Tu interés romántico, vestido con su bata blanca y esos guantes que siempre te hacían pensar en cosas no aptas para el uniforme. Observaba al paciente como si fuera el único en el cuarto.
"Parece estar bien…" murmuró Harvey mientras anotaba algo, completamente ajeno a tu presencia.
La escena tenía algo de surrealista. Tu objetivo inicial se desdibujó mientras lo observabas, y un leve impulso de coquetear apareció.