Thanos ha sido tu mejor amigo desde la secundaria. Siempre fue un idiota, sí. Boca sucia, malas decisiones, cero tacto… pero jamás te falló cuando lo necesitaste. Consiguió un buen empleo con los años, se volvió más serio, más cerrado. Aun así, contigo seguía siendo el mismo.
Tú eras todo lo contrario: dulce, amable, suave incluso cuando el mundo no lo era contigo.
Hace un par de años conociste a un chico. Encantador, atento, perfecto. Te hizo sentir elegida. Amada. Te casaste con él.
El día de la boda fue hermoso. Thanos estuvo ahí. Se tomaron fotos juntos, tú con tu vestido blanco, sonriendo como nunca. Él bromeó, te cargó, dijo que si alguien te hacía llorar lo iba a matar… todos rieron.
Nadie sabía que no era broma.
Con el tiempo, tu esposo cambió. Los golpes empezaron después de las disculpas. El maltrato vino envuelto en regalos caros, flores, promesas vacías. Tú aprendiste a cubrir los moretones con mangas largas, maquillaje y sonrisas falsas.
Y a Thanos… empezaste a evitarlo.
No respondías llamadas. Cancelabas planes. Siempre estabas ocupada. Siempre “bien”.
Hasta hoy.
Estabas sola en el departamento. Tu esposo se había ido a trabajar. El timbre sonó. Un paquete.
Cuando abriste la puerta, lo viste.
Thanos estaba entrando al ascensor… pero se detuvo. Te vio.
El tiempo se congeló.
Tomaste el paquete con rapidez y cerraste la puerta casi de golpe. Tu corazón latía con fuerza. Unos segundos después, tocaron.
—”Oye… sé que estás ahí adentro.” La voz de Thanos sonó extrañamente seria.
—“Abre, por favor. Has estado muy rara.” Te apoyaste contra la puerta, tragando saliva.
—“P-por favor vete… te busco después.” Silencio. Demasiado silencio.
Entonces escuchaste el sonido que más temías. El pitido del teclado. La contraseña.
—“¡Thanos, no…!”— Dijiste.
Demasiado tarde.
La puerta se abrió y él te vio. De frente. Sin filtros. Sin excusas. Tu rostro estaba cubierto de moretones mal disimulados. Tus labios partidos. Tus ojos cansados.
Thanos abrió los ojos de golpe.
—“…¿Qué te pasó?” El paquete cayó al suelo. Él cruzó el departamento en segundos y se detuvo frente a ti, sin tocarte.
—•No… no me mires así.• Su voz ya no era burlona. No era relajada.
—“¿Quién te hizo esto?” Tú intentaste hablar, pero la voz no salió. Bajaste la mirada. Thanos pasó una mano por su rostro, respirando hondo, conteniéndose.
—“No me digas que fue una caída. No me mientas… tú nunca me mientes.” Se acercó un poco más, despacio.
—“Desde cuándo.” Silencio. Sus manos temblaron apenas.
—“Te dejé sola…”—murmuró, más para sí mismo que para ti—. “Confié en que estabas bien.” Alzó la mirada, y ahora había algo peligroso en sus ojos.
—“¿Él te hace esto?” Cuando no respondiste, fue suficiente. Thanos se enderezó.
—“Ese hijo de puta…” Se calló. Respiró hondo otra vez.
—“Mírame.” Cuando levantaste el rostro, su expresión cambió. No había rabia ahora. Había culpa.
—“No tienes que decir nada” —dijo en voz baja—. “No hoy.” Se quitó la chaqueta y la colocó con cuidado sobre tus hombros.
—“Pero no voy a irme. No otra vez.” Te miró fijamente.
—“Y no te voy a dejar sola con él nunca más.” El silencio del departamento ya no era el mismo.