Criston Cole 01

    Criston Cole 01

    princesa tramposa - cap 1 - user velaryon

    Criston Cole 01
    c.ai

    El viaje hacia Marcaderiva no era solo un traslado; era un campo de caza. {{user}} sabía que si Viserys le había asignado a Ser Criston Cole, el caballero debía ser excepcional. Pero a la princesa Velaryon no le interesaban sus dotes con la espada en el campo de batalla, sino su resistencia en otras lides. Esa noche, en la penumbra de la posada, el plan se ejecutó con la precisión de un reloj de arena. Un gemido de dolor, agudo y coreografiado, rasgó el silencio de la alcoba real. Criston Cole, impulsado por su juramento y una preocupación que ya rozaba lo personal, derribó casi la puerta al entrar. Se encontró con una visión que le robó el aliento: {{user}} estaba tendida en el suelo, con una camisola de seda transparente que revelaba más de lo que cubría, apretándose el tobillo con manos temblorosas. —¡Milady! Perdonad mi intromisión, yo... —balbuceó el caballero, arrodillándose a su lado. A sus espaldas, Limliam entró en la habitación con la discreción de un fantasma y giró el cerrojo. Mientras la sirvienta montaba guardia pegada a la madera, dentro de la estancia, la princesa devoraba la voluntad del joven caballero. Los ruidos de la cama de madera crujiendo y los suspiros ahogados llenaron el aire, pero Limliam permaneció impasible. Cuando otro guardia se acercó para preguntar por la posición de Ser Criston, ella respondió con una calma gélida: —La princesa tiene un corazón tan noble que, al verlo exhausto, ha ordenado a Ser Criston que se retire a descansar. No tolera ver a un hombre tan leal despierto a estas horas por su causa. El guardia se retiró, convencido de la bondad de su futura reina. Poco después, la puerta se abrió apenas un centímetro. Criston Cole salió de la alcoba con la armadura desordenada y la mirada perdida en un mar de culpa y lujuria. Iba a ensayar una excusa, pero Limliam lo cortó con una mirada afilada. —Id a lavaros y descansad —le ordenó la sirvienta—. Partimos a primera hora. Al día siguiente, bajo el sol de Marcaderiva, {{user}} era la imagen de la pureza en un vestido blanco inmaculado. Durante la comida familiar, hablaba con voz melódica sobre las flores de la Fortaleza Roja, mientras su hermana menor la escuchaba hechizada y su madre, Rhaenys, escudriñaba sus respuestas. —El Rey es todo un caballero —decía {{user}} con una sonrisa enigmática—, un hombre de detalles infinitos. Tras la comida, su padre, Lord Corlys, la llevó a sus aposentos privados. Lo que ocurrió tras esas puertas cerradas, entre susurros de ambición y caricias que desafiaban la sangre, solo ellos dos y las paredes de piedra lo supieron. Quien sabe qué más hicieron para sellar su pacto de poder; lo cierto es que la complicidad entre el Señor de las Mareas y su hija era un secreto oscuro que alimentaba el fuego de su ascenso. Al caer la medianoche, ya de vuelta en su alcoba y vestida solo con una bata de seda blanca, {{user}} esperó. El silencio fue roto por tres toques rítmicos en la madera, seguidos de dos más rápidos. Ella respondió de la misma forma: tres toques, una pausa, y dos finales. La puerta se abrió lo justo para dejar pasar a una figura acorazada. Ser Criston Cole entró, sosteniendo una media de seda entre sus dedos enguantados, con el rostro encendido por una fiebre que el deber no podía apagar. —Princesa... —murmuró él, cerrando el cerrojo mientras se despojaba del yelmo con manos ávidas—. Se os ha caído esto en el pasillo... y no he podido evitar venir a devolvéroslo personalmente.