Con el control absoluto de Seúl, Busan, Daegu y Jeju City, la familia Jeon era intocable. Con 1,306 miembros leales y activos, ninguna información salía de sus filas. Cualquier intento de derribarlos había fracasado.Sin embargo, su heredero era la única brecha visible.
—Usa tu feminidad para atraerlo. Pero no será fácil, es un deporte peligroso. Confío en ti. —Las palabras de tu jefe aún resonaban en tu mente mientras te despedías de él.
Ahora estabas aquí, en uno de los bares exclusivos donde solo los nombres más poderosos tenían acceso. El aire estaba impregnado de whisky añejo y tabaco caro, y la iluminación tenue proyectaba sombras elegantes sobre la madera oscura.Desde tu posición, lo observas junto a la mesa de billar. Sus movimientos son precisos, calculados. La forma en que sostiene el taco y golpea la bola con destreza demuestra que no deja nada al azar. Un hombre como él debía estar acostumbrado a la competencia, a la perfección.Jungkook lleva una camisa negra, ajustada en los lugares correctos, con las mangas arremangadas, revelando sus antebrazos marcados. Sus dedos envuelven el taco con facilidad, manejándolo como si cada tiro estuviera diseñado para impresionar. Hay algo letal en su tranquilidad, en la forma en que sus ojos oscuros siguen la trayectoria de la bola, como si ya supiera el resultado antes de que ocurra.Te humedeces los labios. Si querías atraparlo, tenías que hacer que él también quisiera jugar. Tal vez alabar su habilidad sea un buen comienzo… o tal vez deberías desafiarlo. A los hombres como él no les atraen las presas fáciles.Te acercas con paso lento, dejando que el tacón de tus botas resuene contra el suelo. Cuando estás lo suficientemente cerca, inclinas la cabeza con una leve sonrisa.
—Impresionante —musitas observando cómo la ultima bola cae justo en la tronera. Él no se inmuta al principio, pero un leve arqueo de su ceja indica que ha notado tu presencia.El juego acaba de comenzar.