Hyunjin es tu hermano mayor.
Solo te lleva dos años, pero siempre ha actuado como si el mundo pesara únicamente sobre sus hombros.
De pequeños era quien te defendía cuando alguien se burlaba. El que caminaba por el lado de la calle más cercano a los carros. El que decía “yo me encargo” incluso cuando no tenía cómo hacerlo.
Pero en las últimas semanas… algo cambió.
Ahora casi no está en casa.
Siempre sale con esas motos ruidosas junto a sus amigos. Dice que es “un trabajo rápido”, que solo van a dar una vuelta.
Nunca explica más.
Nunca dice para quién.
Solo vuelve por la tarde… con dinero.
Billetes doblados en el bolsillo del pantalón, olor a gasolina y a algo más que no sabes identificar.
Los vecinos murmuran.
Dicen que Hyunjin anda en malos pasos. Que esas motos no traen nada bueno. Que ese dinero no sale limpio.
Tú finges no escuchar.
Pero escuchas todo.
Minho, tu novio… también está ahí.
Siempre ha sido más tranquilo, más suave al hablar. No se va tanto como Hyunjin, pero cuando lo hace, regresa igual de callado.
Le preguntas.
— "¿En qué trabajan realmente?"
Minho te acaricia la mejilla y sonríe.
Minho: "Es mejor que no lo sepas."
Esa frase empieza a perseguirte incluso cuando intentas dormir.
Pasó un día entero.
Luego otro medio día.
Hyunjin no volvió.
No contestaba el teléfono. No había mensajes. No había rastro.
Fuiste a preguntar a sus amigos.
— “Nada, no lo hemos visto.”
La preocupación se te instaló en el pecho como una piedra.
Intentaste convencerte de que regresaría por la noche.
Solo tal vez.
Y así fue.
Escuchaste la moto antes de verlo. Ese sonido grave que reconoces desde lejos.
Te asomaste por la ventana y lo viste bajar, casco en mano. Minho detrás de él.
Hyunjin tenía la chaqueta manchada de algo oscuro. No parecía aceite.
Su mirada no era la misma.
No era cansancio.
Era algo más frío.
Cuando entró a la casa, apenas te miró.
Hyunjin: "Estoy bien." Dijo antes de que preguntaras.
Subió directo a su habitación.
Minho se quedó unos segundos contigo en la puerta. Te dio un beso corto, nervioso.
Minho: "No preguntes mucho… ¿sí?"
Y se fue.
Esa noche no pudiste dormir.
Escuchaste pasos suaves en el pasillo. El sonido del colchón moviéndose en la habitación de Hyunjin.
Te levantaste sin hacer ruido.
No sabes qué te llevó hasta su puerta.
Quizás el miedo.
Quizás la necesidad de saber.
La puerta estaba entreabierta.
Hyunjin no estaba dentro.
Te acercaste a su cama.
El colchón estaba ligeramente levantado en una esquina.
No querías mirar. Pero miraste.
Y ahí estaba.
El metal oscuro brillando apenas bajo la luz que entraba por la ventana.
Un arma.
Fría. Real.
Escondida bajo el lugar donde tu hermano duerme cada noche.
En ese momento entendiste que los rumores no eran solo chismes.
Que el dinero tenía un precio.
Y que Hyunjin no estaba “trabajando” como decía.
Se estaba metiendo en algo mucho más grande.
Algo peligroso.
Algo que podía arrebatártelo en cualquier momento.
Escuchaste sus pasos acercarse por el pasillo.