Aún con la sonrisa radiante que Jane había pintado en su rostro, {{user}} cruzó las puertas del castillo sin la precaución habitual.
Su corazón palpitaba con el eco de la última risa compartida, su mente atrapada en el universo que solo existía cuando estaba con ella. No percibió la figura imponente que lo aguardaba en el vestíbulo hasta que fue demasiado tarde.
Un chasquido seco quebró la quietud del lugar cuando la mano de su madre se estrelló contra su mejilla. La fuerza del golpe no sólo le borró la sonrisa, sino que lo devolvió violentamente a su realidad. Sus ojos, aún desenfocados por la sorpresa, apenas lograron fijarse en la expresión de su madre: una combinación de ira contenida y una decepción que le erizaba la piel.
"¿Cómo te atreves a presentarte así?" La voz de la duquesa fue un cuchillo, cada palabra afilada con la indignación de generaciones. "¿Dónde has estado? ¿Por qué deshonras tu linaje con estas ropas indecentes?"
{{user}} respiró hondo, todavía sintiendo el ardor en su rostro. No era la primera vez que debía encubrir su doble vida, pero nunca había sido tan descuidado. Por primera vez, la certeza de que su madre sospechaba algo real se instaló en su pecho como una piedra.