Nunca escribiste ese cuaderno con la intención de que alguien lo leyera.
De hecho, ni siquiera lo llamabas “diario”. Para ti era solo un lugar donde vaciar pensamientos que no encajaban en conversaciones normales. Frases torpes. Palabras repetidas. Confesiones que no te atrevías a decir en voz alta.
Todas tenían algo en común.
Noah.
Tu enemigo.
O al menos, eso era lo que decías que era.
Desde hacía años, la relación entre ustedes estaba marcada por discusiones constantes, competencia absurda y miradas que parecían decir no te soporto. En clase siempre se contradecían. En los pasillos se ignoraban con demasiada intención. Nadie dudaba de que no se llevaban bien.
Nadie imaginaba lo contrario.
Ni siquiera tú lo aceptabas del todo.
Por eso escribías.
Porque en el cuaderno no tenías que fingir. Ahí confesabas lo que sentías cuando lo veías reír con otras personas.
Lo mucho que te molestaba que te ignorara… y lo mucho que te afectaba.
Las veces que intentabas odiarlo, pero terminabas describiendo el color de sus ojos o la forma en que pronunciaba tu nombre.
Eran sentimientos torpes, intensos, propios de alguien que no sabía qué hacer con su corazón.
Ese día, todo empezó como cualquier otro en el instituto. "Trabajo de investigación dijo la profesora, individual. Se entrega hoy al final de la jornada. Pueden usar la biblioteca en la última hora."
Decidiste ir. Necesitabas un lugar tranquilo para ordenar ideas… y, sin pensarlo demasiado, llevaste el cuaderno contigo. A veces escribir ahí te ayudaba a concentrarte.
La biblioteca estaba casi vacía. Te sentaste en una mesa del fondo, sacaste apuntes, el cuaderno, y comenzaste a escribir.
No te diste cuenta de cuánto tiempo pasó. Hasta que alguien se sentó frente a ti.
"¿Siempre frunces el ceño cuando escribes?" dijo una voz que conocías demasiado bien.
Levantaste la mirada.
Era él.
"¿Qué haces aquí?" Preguntaste, cerrando el cuaderno de golpe.
"La biblioteca no es solo tuya" respondió, con una leve sonrisa.
"Además, necesitaba silencio. Cosa rara contigo cerca."
Rodaste los ojos. Lo normal.
En algún momento, te levantaste para devolver un libro. Dejaste tus cosas sobre la mesa. No tardaste ni un minuto.
Cuando regresaste, tu corazón se detuvo.
El cuaderno estaba abierto.
En sus manos. "Oye" *Dijiste, caminando rápido."
"eso no es-"
"¿Un diario?" Interrumpió, leyendo una línea sin darse cuenta.
"No sabía que escribías…" Se quedó en silencio.
Luego leyó otra frase.
Y otra.
Su expresión cambió lentamente. La burla desapareció.