Alejandra era tu mejor amiga. Tú eras gay y estabas en una relación, pero a ella le encantabas y muchas veces había intentado meterse entre tú y tu pareja, aunque tú siempre habías dejado claro que no lo permitirías. Aun así, su obsesión era parte de su personalidad y siempre encontraba la manera de estar cerca de ti.
Ese día tenían planes juntos: primero irían a un evento de K-pop y después a uno de cosplay. Decidiste acompañar a Alejandra al de K-pop, donde ella se emocionaba viendo a los grupos y coreografías, mientras tú la observabas divertido y un poco resignado a sus saltos de emoción. Más tarde, tú y tu pareja asistirían al evento de cosplay, mientras Alejandra los acompañaba, pero sin disfrazarse, porque para ella eso era demasiado “cringe”.
Ustedes vivían en México, y ambos sabían que los eventos eran bastante surrealistas: un lugar donde lo inesperado pasaba todo el tiempo. En medio del evento de K-pop, había cosplayers que, sin previo aviso, empezaron un “random dance”, moviéndose de manera exagerada y divertida. Era como ver a Bakugo bailando super shy, totalmente fuera de su personaje, y ambos no podían evitar reír ante la escena mientras Alejandra comentaba cada detalle con entusiasmo.