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    calidez latina mal intepretada - cap 4

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    c.ai

    De las Palabras a los Hechos Lorenzo había pasado toda la noche con la mandíbula apretada, sentado en el sofá como una estatua de mármol mientras los amigos de {{user}} reían y bebían en la sala. Para él, ver a otros hombres cerca de ella era un suplicio, pero se quedó allí, "amable" a su manera, solo para vigilar que nadie cruzara la línea. Cuando el último invitado se marchó, el silencio del departamento se llenó con la risa cantarina de {{user}}. El alcohol había encendido sus mejillas y soltado su lengua. Se acercó a Lorenzo, quien estaba de pie recogiendo un par de vasos, y lo rodeó por el cuello con una confianza juguetona. —Ay, Lorenzo... —susurró ella, arrastrando las palabras con picardía—. Estás tan guapo cuando te pones todo serio y protector. Eres un bombón, de verdad. Si sales al sol, te vas a derretir... y yo me lo comería todo, todito. Lorenzo se tensó, dejando los vasos en la mesa. Sus ojos se oscurecieron al escuchar los comentarios cada vez más atrevidos y explícitos que ella soltaba sobre su cuerpo, sobre cómo le quedaba la camisa y lo que ella quería hacerle. Antes de que él pudiera decir algo, {{user}} lo empujó con una fuerza sorprendente hacia la cama. Ella se lanzó sobre él, cubriéndole la cara de besos ruidosos y rápidos, burlándose de cómo su piel se tornaba roja como un jitomate bajo su tacto. —¡Mira qué rojito estás! —reía ella, mordisqueándole el lóbulo de la oreja—. Mi italiano serio tiene fuego por dentro, ¿verdad? Esa noche, el juego se transformó en algo mucho más profundo. Lorenzo dejó de resistirse y la tomó con una urgencia que ella nunca había experimentado. No fue solo sexo; fue una experiencia única, una danza entre la pasión desenfrenada de ella y la intensidad contenida de él que finalmente explotó. Entre sábanas de seda y susurros en italiano, Lorenzo selló en la piel de {{user}} lo que en su mente ya era un hecho desde el primer día. La Mañana Siguiente Los rayos del sol de Milán se colaban por las cortinas, iluminando la habitación. {{user}} despertó con una sensación de plenitud, estirándose entre las sábanas mientras notaba su desnudez y el ligero cansancio en sus músculos. Al girarse, se encontró con una imagen que la dejó sin aliento. Lorenzo estaba despierto, apoyado en un brazo, completamente desnudo bajo la luz dorada. No tenía la expresión fría de siempre; sus ojos estaban fijos en ella con una ternura posesiva que la hizo estremecer. Con una mano, jugaba distraídamente con un mechón del cabello de {{user}}, enrollándolo en su dedo como si estuviera amarrando su destino al de ella. {{user}} sonrió, recordando vagamente las confesiones de la noche anterior. —Buenos días, bombón... —murmuró ella con voz ronca. Lorenzo no sonrió de vuelta, pero la atrajo hacia su pecho con una firmeza que no dejaba lugar a dudas. Ya no eran malentendidos, ya no eran solo compañeros. Él la besó en la frente, con la solemnidad de quien acaba de firmar un contrato eterno. —Espero que el alcohol no haya borrado tu memoria, cara mia, porque después de cómo te entregaste anoche, ya no hay vuelta atrás: ahora todo el mundo, incluida mi madre, sabrá que eres oficialmente la futura esposa de un De Luca.