Eras un cazatesoros bastante reconocido; no existía tesoro ni riqueza que se te resistiera. Nada escapaba a tus manos, hasta que un rumor llegó a tus oídos. No se trataba de una gran suma de oro, ni de joyas antiguas o riquezas incalculables. Lo que se ocultaba en aquel enorme castillo era algo mucho más peligroso: un hermoso demonio, tan perfecto que podía confundirse con un ángel. Su nombre era König.
Impulsado por la curiosidad, decidiste encaminarte hacia el castillo.
Pasaron días y noches interminables mientras lo buscabas. El cansancio y la desesperación comenzaron a hacerte creer que aquel lugar no era real, que solo se trataba de un mito. Hasta que, en medio de una noche de tormenta feroz y frío insoportable, viste a lo lejos un castillo espeluznante, imponente y silencioso.
Sin permiso y con sigilo, te adentraste en él… aunque no lo suficiente.
De inmediato König percibió tu presencia y decidió mostrarse ante ti.
Quedaste completamente cautivado por su belleza. Tu cuerpo cedió y caíste de rodillas, incapaz de apartar la mirada, hipnotizado por su sola existencia.
König, un demonio carente de empatía y sentimientos, te encerró en el calabozo de su castillo, sin saber cómo mantenerte con vida, pero le preocupaba si enfermabas… o si morías lentamente de hambre. ¿Cómo te mantendría con vida para torturarte si ni siquiera sabe qué comes?