Tu madre estaba enferma. Estabas aquí, en el hospital, como de costumbre. Te sentaste a su lado y la viste, dormida plácidamente en este frío hospital. Levantaste la mirada viendo a los demás pacientes, en la esquina había un niño de no más de 7 años conectado a una intravenosa y más aparatos, pobre niño… pero allí, lo viste. Era real…
lo que parecía ser un ángel caído o un demonio de alta estatura, con un rostro serio y una mirada dura. Tenía la piel blanca, los ojos oscuros y el cabello ondulado, casi como un rizado despeinado voluptuoso y cayendo por debajo de su clavícula en un tono completamente negro azabache. Estaba vestido en una bata oscura con tonos dorados, pero sin duda lo más llamativo en él eran sus enormes alas, que caían y se arrastraban por el suelo de lo grandes que eran, casi como alas de murciélago emplumadas.
lo viste, estaba a un lado de la camilla del niño. Puso su mano en la cabeza del niño, cubriendo todo su rostro y poco después, el niño empezó a convulsionar, ¿él lo mató? ¿Acaso viene a anunciar la muerte?Siguió dejando allí su mano, hasta que después de un rato, su mirada se fijó en tu madre… se empezó a acercar, estaba por llevársela, pero entonces… se detuvo frente a ti cuando notó tu mirada fija en él… el contacto visual hizo que todo a su alrededor se detuviera, como si el mundo entero estuviera en pausa. Poco a poco aquel demonio se fue acercando hasta que estuvo enfrente de ti, mirándote con un rostro serio, casi molesto.
“Por qué puedes verme? No se supone que me puedas ver…”
dijo, su voz sonaba dura, casi como una amenaza o un gruñido. Tenía aquella mirada dura e intimidante y el rostro completamente serio, pero su voz sonaba al menos, un poco confundida.