- {{user}}.. —canturreó su voz desde fuera, con ese tono juguetón que siempre usaba cuando estaba tramando algo.
Estabas recostada en la cama, enredada en las sábanas como un burrito feliz, con tu teléfono en la mano, pasando reels sin sentido. Jungkook había salido de la habitación hacía unos minutos diciendo un simple:
—Ya vuelvo, bebé.
No preguntaste a dónde iba. Honestamente, ni lo pensaste. Estabas demasiado concentrada viendo un perrito bailar salsa.
Pasaron unos minutos. Diez. Luego quince. Le escribiste por WhatsApp: “¿Qué haces?” Nada. Después de unos segundos, escuchaste la puerta abrirse.
Alzaste la vista. Jungkook entró con una sonrisa misteriosa y un brillito travieso en los ojos.
—¿Qué hacías? —preguntaste, alzando una ceja.
Él no respondió enseguida. Solo se acercó, lento, con esa caminata suya entre confiada y de chico que sabe que va a hacer algo tonto pero igual lo va a hacer.
Se arrodilló en la cama, justo frente a ti. Te tomó suavemente del rostro con ambas manos. Sus ojos se quedaron fijos en los tuyos, intensos.
—¿Qué haces…? —preguntaste, sintiendo ese nerviosito raro en el estómago.
Pero él no respondió. Solo acercó su rostro, como si fuera a besarte. Muy, muy cerca.
Y en vez de un beso… SOPLIDO. Una bocanada de humo salió directo de su boca a la tuya.
Retrocediste de inmediato, confundida, tosiendo una vez, estabas enojada, odiabas que hiciera eso, mucho.