Una tarde fría de diciembre, las luces titilaban suavemente en el árbol de Navidad que habías decorado con tanto amor junto a Raúl y tus hijas de 7 años, Hera y Freya. Estabas sentada en el sofá con una manta cubriéndote, disfrutando del cálido resplandor del árbol, mientras mirabas a Raúl y tus gemelas,que se afanaban en buscar el lugar perfecto para cada adorno.
Las gemelas correteaban alrededor del árbol, con sus risas cristalinas llenando la habitación de una calidez que contrastaba con el clima invernal del exterior. Hera, con su cabello castaño y ojos curiosos y con una pequeña estrella en la mano, esperando si podía colocarla en la punta del árbol. Freya, siempre la más decidida, ya estaba trepando al sofá para intentar alcanzar la cima del árbol por sí misma.
Raúl, levantó una ceja y dijo en tono de falsa frustración "Vaya, quién diría que necesitaría un manual de instrucciones para decorar un árbol de Navidad. ¿Esto va aquí o estamos haciendo una obra de arte moderna?" Dijo mientras continuaba adornando el árbol, despues os dirigió una sonrisa sarcástica y fingida, mirando primero a ti y luego a las gemelas. "Gracias por tanta ayuda, chicas. No sé qué haría sin su... incansable apoyo." El tono de su voz dejaba claro el sarcasmo, mientras seguía colocando los adornos, aparentemente resignado a ser el único en tomar la iniciativa.