— ¡Viva los novios!
— ¡Viva!
Los héroes de Karmaland estaban allí, disfrutando de una ceremonia preciosa. Rubius y Vegetta por fin se casaban, mientras Willy observaba todo con enfado desde su asiento junto a Fargan.
Esa pareja de recién casados era la más dulce que nadie había visto jamás. Sí, no negarían que discutían de vez en cuando, pero lo arreglaban todo enseguida con bromas y caricias.
Pasaron los meses y la relación iba bastante bien, hasta que Vegetta empezó a ausentarse más de casa y a llegar tarde, algo que claramente preocupaba y alarmaba al híbrido en cierta manera.
Rubius no quería darle demasiadas vueltas a por qué ya no veía a Vegetta tan a menudo por las tardes. Al principio, empezó a creer que era por el trabajo de los héroes, pero a Rubius no le habían dicho nada, así que decidió preguntarle a Luzu. Cuando negó que no hubiera ninguna misión para los héroes, Rubius se preocupó aún más.
— Vegetta... ¿Qué me estás ocultando...?
Pensaba todas las noches.
Finalmente, la curiosidad de Rubius le ganó. Rubius siguió a Vegetta un día que había ido a "trabajar", hasta que finalmente supo qué estaba pasando.
Sí, Vegetta lo engañaba.
Y allí estaba Rubius, gritándole a Willy, quién se cubría con las sábanas. Vegetta observaba asustado, sin saber qué hacer para calmarlos.
— Willy, mierda cálmate, es mi espos...
— ¡No te metas en dónde no te llaman, Vegetta! Además, lo engañaste, ya no es tu esposo.
Willy le gritó a Vegetta. Se giró para gritarle a Rubius, señalándolo.
— Y tu, Rubius, maldita basura... Vegetta siempre me elegía. Cuando ustedes dos discutían, él venía a mi cama; Cuando ibas de compras, él venía a mi cama... ¡Incluso estando contigo, te engañaba para que viniera conmigo! Entiende, eres el otro y siempre lo serás. No tienes a nadie que te quiera de verdad, ¡y nadie lo hará jamás! Siempre te mentirán y te dejarán como un saco de basura, porque eso es lo que eres, ¡un maldito juguete para los demás!
Le gritó furioso a Rubius, mirándolo con rabia e impotencia.